Voto diferenciado divide liderazgos
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Voto diferenciado divide liderazgos

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Como muchos expertos lo anticipaban, el voto tlaxcalteca es típicamente diferenciado y así se notó en los resultados de la elección pasada. El PRD fue el máximo ganador al llevarse cuatro de las cinco elecciones en disputa en Tlaxcala (Presidencial, formula al Senado y dos de de tres diputaciones por mayoría).


Basados en los resultados, pareciera que no hubo un voto diferenciado y que más bien hubo un voto unificado para el Sol Azteca, consecuencia del efecto Peje -como muchos sostienen y lo comparto como uno entre otros factores-.
No obstante, una rápida mirada a los resultados de cada puesto a elegir señala primero que no hubo un segundo lugar único, lo cual terminó por dejar distintos dividendos a los partidos políticos. Muestra entonces que el voto de los tlaxcaltecas asignó distintos lugares a los partidos según su distrito o puesto a elegir.
Un ejemplo es que aunque la elección presidencial la ganó Andrés Manuel López Obrador con 40.43 % de la votación en Tlaxcala, por el 35.47% del priista Enrique Peña Nieto como segundo lugar, en la elección para formula al Senado el PRI se fue al tercer sitio.
Pese a su segundo lugar en la elección para senadores y consecuente obtención de una senaduría como primera minoría, el PAN fue tercer lugar en los tres distritos electorales. El candidato blanquiazul por el primer distrito, después de un reconteo se fue al tercer sitio aunque sumamente cerrado con el perredista Víctor Briones. En el segundo y tercer distrito fue claramente tercer sitio.
Otra consecuencia de los resultados que muestra un diferendo es finalmente como quedaron repartidos los lugares al Congreso de la Unión. En el Senado: Lorena Cuellar y Martha Palafox (por los partidos de izquierda), junto con Adriana Dávila del PAN. Cámara Baja: la priista Guadalupe Sánchez, al lado de los perredistas Humberto Vega y Edilberto Algredo; y por representación proporcional las panistas Aurora Aguilar y Leonor Romero.
Después de irse al tercer sitio en las tres diputaciones de mayoría disputadas en territorio estatal, al PAN no le fue tan mal pudiendo colocar a dos diputadas y obteniendo una senaduría.
Pues bien, tras darse un voto diferenciado con ganancias distintas a cada partido, los liderazgos en cada partido se reasignaron, muy por aparte que en las izquierdas y el PAN quedaron cantadas sus opciones al gobierno del estado en el año del 2016.
Naturalmente las senadoras electas Adriana Dávila y Lorena Cuellar buscarán competir en el año mencionado y ante sus posiciones obtenidas tendrán el peso para ejercer liderazgo en sus partidos. Aunque esto no significa que su liderazgo será único o hegemónico.
Por el lado del PAN, ahora serán factor a considerar en la toma de decisiones las próximas diputadas plurinominales, además del papel pendiente por definir del derrotado exgobernador Héctor Ortiz Ortiz, de no ser cumplirse rumores sobre su posible salida del partido.
En las izquierdas y el PRD (partido al que se afiliará Lorena Cuellar), es obvio que la expriista entrará al permanente jaloneo por los espacios, las candidaturas y el control del partido con los ya existentes y pujantes grupos que caracterizan a los partidos de izquierda.
Por tanto, aunque a su vez las próximas senadoras ganaron liderazgo frente a las fuerzas políticas que las postularon y refuerzan con ello sus intenciones, no significará que los logros de este momento se traduzcan en un respectivo control partidista irrebatible.
Cabe la distinción de los anteriores con motivo que en el PRI no sólo se mermaron con sus múltiples derrotas de esta elección (sólo ganó un distrito) sus opciones de una candidatura viable para el año 2016, sino también no hay un liderazgo visible que pueda recoger a su militancia de la desorientación y dolencia que las elecciones les dejaron.
El liderazgo que pueda leerle el momento y circunstancias primeramente a sus correligionarios para conducirlos a la próxima contienda intermedia local, en la que realmente estaría en juego su dominio estatal, al jugarse el refrendo de su mayoría en el congreso local y la mitad de alcaldías.
Hasta el momento de parte de la dirigencia local priista no ha habido esa muestra de dignidad en la derrota, que aunque tenga que asumir su parte de responsabilidad, pueda desde la humildad volver a convocar a sus liderazgos al reagrupamiento con miras al futuro y superación del pasado.
Ahí está el reto del PRI de hoy. Antes que ir por el año electoral del 2013, tendrá que reagruparse y redefinirse.