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Gracias a ciertos comercios adheridos a la Canaco y a la Coparmex (cerca de 200), cada tlaxcalteca que cumpla con su responsabilidad ciudadana, de ejercer el voto el próximo domingo, podrá acudir a recibir descuentos en establecimientos como zapaterías, tiendas de abarrotes, librerías etc.


La iniciativa del sector empresarial ya ha sido hecha en otros estados. Uno de los estados con más cercanía geográfica y temporal en donde tuvo lugar esto, fue Puebla, en la elección del 2010 en la que mucho se le atribuyó al aceptable nivel de participación el que el PRI dejara el gobierno estatal por primera vez; además de otros factores, como el rechazo al tristemente célebre Mario Marín.
Regularmente los niveles de participación altos en jornadas electorales tienden a ir restando importancia como factores determinantes a los votos duros de los partidos. Se convierten en decisivos los votos de quienes sin una preferencia clara, el día de una elección, salen a votar bajo algunos incentivos, como sería ahora el caso de los tlaxcaltecas.
Por consecuencia, niveles bajos de abstencionismo perjudican más al partido con mayor número de votos duros. En Tlaxcala el mayor partido con voto duro, por simple deducción en atención a su estructura y número de militantes, es el PRI.
No obstante, a pesar que se puede suponer que el partido en el gobierno puede salir afectado bajo un escenario de participación alta, quedará por verse la dimensión del arrastre o posible efecto Peña Nieto y si las tendencias marcadas en la mayoría de encuestas que no sólo adelantan al candidato presidencial, sino también al PRI como mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso de la Unión se cumplen.
Mientras tanto, súmese a las campañas de incentivación del voto como un posible factor de riesgo para el PRI, junto con un voto diferenciado, ya tradicional en Tlaxcala según políticos conocedores.
Por otra parte, así sirva para subir sus ventas con motivo de la elección del 1 de julio, no debe restarse merito y valor a la participación activamente democrática de la iniciativa privada, la cual, junto con las autoridades locales, espera obtener un nivel de participación del 60 por ciento, que traducido al actual padrón tlaxcalteca deberá dar una cantidad de votantes cercana al medio millón.
Fraudulento cuento sobre un fraude electoral.
A pesar que la obstinada desconfianza nacional ha permitido perfeccionar los candados electorales que prácticamente imposibilitan fraude alguno en cualquier elección federal y hasta estatal, no faltan políticos que ante la probabilidad de la derrota adelantan cuentos que desconozcan a las instituciones y la victoria de sus adversarios.
El sistema electoral mexicano cuenta con: un padrón electoral y lista nominal revisado por 300 comisiones de vigilancia distritales, 32 estatales y una nacional, se aprueban sin objeciones, un comité técnico de científicos determina sobre ellos y cuentan con copia de los representantes de los partidos; las boletas y la credencial de elector son infalsificables (credenciales falsas no aparecen en la lista nominal y las legitimas son marcadas una vez que se voto); la elección se ejecuta por ciudadanos elegidos al azar, quienes cuentan los votos y los trasladan a los comités distritales siempre en presencia de observadores acreditados y representantes designados por los partidos.
Pueden existir errores en algunas casillas, sin embargo, este sistema permite afirmar con toda certeza que de forma sistemática no se puede alterar o maquillar los votos que emiten los ciudadanos ni su conteo, a favor o perjuicio de nadie.
Claro puede haber actos irregulares antes y fuera de las casillas como la entrega de regalos o compra de votos y el condicionamiento de programas sociales. En este terreno debe admitirse que sí ya no existe garantía de inviolabilidad como sí la hay en la fase de la emisión y conteo de los votos: puede pasar y de hecho pasa.
Sin embargo, también existen salvaguardas en la ley e instituciones que vigilan y sancionan dichos actos. Y es aquí que quien acusa debe contar con las pruebas para sustentar su dicho.
De otra forma es irresponsable señalar un fraude. Es necesario fomentar la cultura de la confianza en las instituciones, más en el IFE que deja en manos de ciudadanos la parte más importante del proceso electoral. Desconfiar y cuestionar sólo bajo pruebas verídicas y determinantes que nublen la certeza y efectividad del órgano.
Es probable que el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador confirme con su actuar lo que con sus palabras advierte, sea cual sea el margen de una eventual derrota. Lo que se debe esperar es que sustente inobjetablemente acusación alguna.
En la medida que haya una conciencia mayor de exigencia y responsabilidad para quienes acusan se desincentiva y desinfla la manipulación y chantaje en el actuar de aquellos que gustan de la descalificación como modo de sobrevivencia política.