A competir
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El tema de la competitividad, sistemáticamente, fue soslayado durante el presente sexenio, hasta que cobró importancia en el ánimo de la opinión publicada. En 2008, resultó casi desastrosa la noticia de que Tlaxcala era uno de los estados más rezagados en esta materia.

 

La comunidad empresarial coincidía con los resultados del “Índice de Competitividad Estatal”, elaborado por el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO), sabedora del deterioro económico que prevalecía en la entidad y que tomó indefenso al gobierno orticista durante la crisis económica de 2009.
La propia Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) situó al Estado de Tlaxcala entre las cinco entidades del país con mayores deficiencias en clima de inversión, programas de desarrollo a largo plazo, rendición de cuentas y aplicación del gasto administrativo, dentro del Índice Coparmex del Uso de Recursos (ICUR).
Todo lo anterior resulta un antecedente importante, luego de que la semana pasada, el IMCO presentó un nuevo reporte en el que Tlaxcala avanza tres posiciones en el ranking nacional, ubicándose en el sito 19.
Sin embargo, eso no le salvó de ser señalada como la entidad federativa con la menor autonomía fiscal del país, la segunda con la mayor presencia de mercados informales, y la tercera con la menor eficiencia en recaudación, con la menor calificación en los índices de corrupción y buen gobierno, con mayor duración de procedimientos mercantiles, y con la menor calidad de la transparencia.
Curiosamente, por esas fechas, el gobernador electo Mariano González Zarur encabezó la conclusión de sus foros sobre competitividad y generación de empleos, donde se ventilaron los resultados de un diagnóstico en este tema, entre las que destacan la existencia de importantes contrastes y rezagos regionales en diversos rubros, una desorganización en los tres niveles de gobierno, falta de apoyos fiscales y escasa promoción de los productos locales.
De lo anterior, se desprende que las políticas públicas generadas en el actual gobierno no han creado las condiciones favorables para un desarrollo equilibrado en la entidad, ante lo cual González Zarur dijo que colocaría a Tlaxcala nuevamente en la arena de la competitividad, al cabo de su primer año de gestión.
En este sentido, es significativo resaltar que el ímpetu del gobernador entrante no es mayor a las posibilidades reales de lograr ese cometido.
El IMCO, que preside Valentín Diez Morodo y que en conjunto encabezan Roberto Newell y Manuel Molano, destaca como uno de los principales retos del gobierno estatal la concreción del Puerto Interior de Tlaxcala, que aprovechará ampliamente ventajas tales como la amplia longitud de las carreteras y de la red ferroviaria local.
De hecho, anticipa que, con la operación de este recinto multimodal, Tlaxcala alcanzará importantes niveles de crecimiento en varios sectores.
“De realizarse de manera adecuada, puede esperarse un efecto positivo sobre el empleo de la región y una posible disminución de la informalidad en la economía. También por una posible atracción de empresas tanto nacionales como internacionales pertenecientes a diferentes sectores, podría aumentar la inversión en la entidad”, subraya su estudio.
Otro desafío es elevar la cobertura informática, abatir la desigualdad de ingresos e inhibir las muertes provocadas por malnutrición, para lograr una sociedad más preparada, pues Tlaxcala se distingue en el contexto nacional por ocupar el sexto, el tercero y el séptimo lugar, en tales rubros, respectivamente.
Para mejorar las condiciones medioambientales, debe enfocarse en seguir reduciendo la cantidad de residuos peligrosos generados, en frenar la deforestación clandestina, reducir los suelos degradados, proteger las especies endémicas y mejorar el manejo de sus acuíferos.
Y para garantizar un gobierno eficiente y eficaz, Tlaxcala tiene que mejorar su autonomía fiscal, ya que del total de los ingresos obtenidos únicamente el 2.5% provienen de la recaudación local, muy por debajo del promedio nacional de 7.8%.
Sencillamente, resulta penoso que su gobierno sea percibido actualmente entre los menos efectivos, según el Índice de Opinión Empresarial, que le coloca como el cuarto estado con la menor efectividad en la gestión de trámites.
Otro pendiente por atender es el rezago que aqueja al Poder Judicial, puesto que su calificación en los indicadores de imparcialidad de los jueces, calidad institucional de la justicia y la duración de los procesos mercantiles, es menor al promedio nacional, y se ubica entre los últimos lugares (26, 28 y 30, en tal orden).
De modo que la tarea de Mariano González no resultará nada sencilla; no obstante, en la medida en que su llamado a la corresponsabilidad perneé en los distintos sectores de la sociedad, será posible darle el ansiado jalón al progreso sostenido de Tlaxcala. Y para ello cuenta, no con uno, sino con seis valiosos años.