Érase una vez...La política


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PobreEl mejor 

El PRI no se la quiere creer


Sin entender su momento ni sus circunstancias, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), como partido político estatal y con representación en el Congreso, no ha esbozado si quiera un rumbo deseable para la entidad.

Como si la categoría de opositores no hubiera desaparecido, el partido y sus diputados no parecen tener la mínima intensión de integrar, junto al poder ejecutivo, un proyecto común de desarrollo para la entidad.

Venidos de una fuerza política menguada y de una representación mínima en la anterior legislatura (tres diputados plurinominales), la situación es inmejorable, para que el PRI, en el gobierno, en el legislativo y como institución política, arme una unidad, basada en el programa político.

La plataforma que como partido comparten los tres brazos de este partido y que fue rediseñada en los pasados comicios locales debe tener un propósito y un aterrizaje. Eso se debe exigir desde los gobernados.

Cada brazo puede tener su propia autonomía: entendible y necesario. Lo que no puede ser entendible ni aceptable para los ciudadanos, ni para quienes, con su voto, dieron de vuelta el poder ejecutivo y -por efecto de arrastre- diez diputados locales a dicho partido, es que no haya un proyecto común y base que impulsen.

El caso más palpable es el de la representación en la LX Legislatura. La decena priista  ha lucido por su enajenación, al proyecto del ejecutivo, a su condición de partido en el gobierno y de mayoría relativa compartida con el Partido Acción Nacional (PAN), dentro del poder legislativo.

Si los planteamientos gubernamentales, como establecer un mejor marco jurídico tanto para la certidumbre jurídica a las inversiones, como para elevar la competitividad mediante la eficiencia en la administración pública, no son propuestas que se compartan en sus fines o métodos, ¿entonces donde están nuevos planteamientos?

No obstante, estas ya no son alturas de hacer una agenda. De no tener distintas propuestas de las del ejecutivo, la bancada priista debe tener mayor visión. Seis años no son muchos para dar cauce a una agenda de gobierno y de partido.  

Si ya existe una agenda, como la gubernamental, que por ser emanada de una misma representación partidista, debe tener una base común, más oportuno y sensato es, entonces, identificar esas afinidades e impulsarlas.

Si se quiere, las divergencias conciliarlas y que todo lleve a un mejoramiento de las propuestas gubernamentales.

Hoy, como siempre, la lectura del mandato del electorado, efectuado en las urnas,  es que se quieren cambios y resultados, además de acuerdos entre la clase política. Absurdo y ridículo que en un mismo partido no pueda haber ese acuerdo de un proyecto común.

Todo esto, agravado, si se piensa que ese partido es el que tiene los elementos de poder necesarios para impulsar los cambios y hacer los acuerdos.

Por parte del legislativo, toca al coordinador de la fracción del PRI, Héctor Martínez, llegar a ese acuerdo y compromiso que los diputados que lidera trabajen en una agenda emanada de su misma plataforma política.

Tal compromiso no puede tolerar a diputados más empeñados en armarse campañas rumbo a las elecciones de Senadores y Diputados Federales del próximo año, que igual gastan recursos – no de los suyos, por supuesto- pagando notas en medios informativos que haciendo giras por el estado.

En ese mismo tenor, desde el PRI como instituto político, su dirigencia, encabezada interinamente por Ernesto García Sarmiento, tendría que armar una caja de resonancia de la agenda del PRI en el gobierno y en el legislativo.

Y a nivel de partidos, sustentar y defender el proyecto que el PRI encarna en su retorno a la gubernatura frente al PAN o al Partido de la Revolución Democrática.

Desde el partido y su fracción parlamentaria, no parece quererse entender el nuevo rol político.  En vez de lo anterior, el partido anda sumergido en otros asuntos.

Ahí están las muestras de inconformidad creciente en corrientes priistas por el manejo del partido a nivel local, argumentando la falta de rumbo de su partido y la imperiosa necesidad de renovar su Comité Directivo Estatal.